¿Hay meritocracia en el mundo emprendedor actual?

O… ¿no sería mejor que hubiera más diversidad?

Desde hace varios años gran parte de mis lecturas tienen que ver con la resiliencia. Un concepto de origen neuropsiquiátrico que ha ido permeando mis otras áreas de interés, más relacionadas con el mundo empresarial.

Quizá debido a este background siento una especial querencia por analizar las características diferenciales de algunos empresarios de éxito que se escapan del arquetipo tradicional.

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Amuda Goueli, CEO de Destinia, por ejemplo.

Hace poco más de dos semanas me encontré con este texto que invita a la reflexión:

Si hay un personaje mítico de nuestros tiempos, ese es el “Super-Emprendedor”. Vencedor de un sin fin de batallas, supo tener la brillantez de concebir una gran idea de negocio, el arrojo y la valentía para invertir en ella, la capacidad de trabajo y esfuerzo suficiente para gestarla en una incubadora de empresas, hasta llegar el momento de acelerar su crecimiento y convertir a aquella pequeña iniciativa en una prometedora start up. La capacidad de liderazgo hará el resto. Su reluciente sonrisa será presentada en los medios como un nuevo caso de éxito personal. Pero no solo. Seguro que también entrena varias horas al día para disputar la próxima ironman, mientras dedica la noche a verter consejos para otros futuros emprendedores en el blog desde el que alimenta su marca personal. Y todo eso sin contar las loas que recibirá por la función social que cumple, pues su triunfo no es sólo suyo, es garantía de empleo para el conjunto de la sociedad.

Este relato del hombre (sí, en masculino) forjado a sí mismo, que puede arrancarnos alguna sonrisa, pero también convertirse en promesa de futuro, oculta demasiadas cosas. Por supuesto, esconde su anti-héroe, ese alter ego del emprendedor que vive enfermo, acosado por el agotamiento y la depresión como únicas respuestas ante las altas dosis de exigencia, rendimiento y autoexplotación. Pero esconde también que los emprendedores no tienen en realidad capacidades mágicas para la creatividad, el trabajo y la valentía de asumir los riesgos que emprender conlleva. En realidad, la cosa es mucho más sencilla: proceden, en su inmensa mayoría, de nichos socioeconómicos con las suficientes seguridades como para asumir el tiempo sin cobrar que requiere el desarrollo de una iniciativa y las pérdidas que en caso de fracaso ésta pudiera acarrear. Esa diferencia de clase que el neoliberalismo se empeña en invisibilizar pero que la vida cotidiana de las periferias pone en primer plano día tras día. Por eso, no hay apenas emprendedores en los barrios. La gente en los barrios, y no ahora, sino desde siempre, no emprende. Se busca la vida.

Palabras como neoliberalismo o expresiones como privilegio/discriminación de clase (o de género, o de raza, o varios interseccionados) no suelen escucharse en las charlas sobre emprendimiento; pero son conceptos que compensa conocer y sobre los que interesa hablar en el mundo empresarial. Porque abrazar la diversidad suele ofrecer mejores rendimientos.

Si quieres profundizar en el tema te recomiendo esta esclarecedora conversación entre Alicia Castillo (angel investor en Silicon Valley), y Todd Park (asesor tecnológico en la Casa Blanca) en el pasado #TSWS15.

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