Juana Rivas, el MIEDO y yo.

Carta abierta a los medios de información.

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Juana Rivas

El miércoles se dirimirá en el Tribunal Constitucional el recurso de amparo de una mujer que ha huido con sus hijos por no entregárselos a su maltratador.

Todo el mundo, a priori, puede entender las razones por las que cualquiera haría lo mismo en esas circunstancias.

Quien dude no tiene más que leer los siguientes pantallazos.

“Disputa conyugal”, dice un periódico
“Un loco”, dice un periódico.
2 de los 6 feminicidios infantiles de 2011. En lo que va de 2017 “sólo” llevamos 4.

Sin embargo, del lógico apoyo masivo inicial basado en la empatía, en los medios y redes sociales se está pasado, sutil y perversamente, a cuestionar capacidades maternales, legitimidad de motivaciones o, incluso, potestad para tomar decisiones.

Según voy leyendo artículos de opinión como este, que instrumentalizan a Juana y sus hijos para la autocomplacencia retórica de sus autores, me voy ahogando en bilis.

Los medios de información tienen que llenar minutos de contenido en la televisión y páginas de publicidad en internet. Los profesionales que trabajan ahí tienen que demostrar su expertise llenando esos espacios. Lo entiendo. Pero están perdiendo el foco y eso es peligroso.

Señores y señoras periodistas: son responsables con sus palabras. Ténganlo en cuenta. Tengan en cuenta que cada vez que abren la boca, pulsan una tecla o enfocan una cámara sus prejuicios, ideologías e intereses condicionan el modo en el que la audiencia percibe a las personas de las que hablan.

¿Saben qué? Yo también contravine durante casi tres años el Convenio de la Haya arriesgándome a una década de cárcel para proteger a uno de mis niños. Pasé muchos días y noches de mi vida haciendo listados mentales de puertas a las que llamar y escondites hacia los que huir. Yo, como Juana, también sé lo que es la incertidumbre y EL MIEDO por tus hijos. Un miedo atroz y constante que ustedes ni en sus peores pesadillas podrían imaginar.

El bien superior del menor, con el que a tantos se les llena la boca, es una pura entelequia enfrentado a la burocracia infame del sistema judicial. Deberían de saberlo a estas alturas. Evidencias de esto se las han ofrecido a paladas en el caso de Juana Rivas.

¿Cómo se atreven a poner en duda la conveniencia de su decisión? ¿Cómo son capaces de contraponer en un mismo espacio el “testimonio” tranquilo de su maltratador y una fotografía de Juana rota y llorando? ¿No se dan cuenta de lo que están haciendo, de la credibilidad que le arrebatan? ¿No les da vergüenza prostituir su dolor así? ¿Para qué sirve su trabajo, al final? ¿Para que haya más minutos de reproducción de vídeo y más shares en redes que aumenten el número de anuncios mostrados con los que costear sus sueldos? ¿Para lograr un aplauso fácil que les acaricie el ego?

Yo tuve salud, dinero y apoyo suficiente para aguantar casi tres años planeando bajo el radar institucional con mis hijos. Me llevó casi tres años comprender las reglas del juego mientras me equivocaba con el plan A, el plan B, el plan C… buscando un modo de resolver nuestra situación jurídica.

Tuve suerte. Acerté antes de llegar a la letra Y: pedir ayuda en medios de comunicación. Y tampoco llegué a la Z: falsificar nuestra documentación para salir del país.

Juana no es distinta a mí. Tan buena o mala madre como lo soy yo, como lo pueden ser ustedes, sus hijas o sus amigas.

¿Saben cual es la diferencia entre nosotras? No es ni la salud, ni el dinero, ni la calidad de nuestra red de apoyo.

La diferencia es que nadie, jamás, puso en duda la legitimidad de mis motivaciones ni cuestionó mi capacidad para medir el riesgo que corría mi familia.

Pero es exactamente eso, sembrar dudas sobre la legitimidad de sus motivaciones y cuestionar su capacidad para decidir con criterio, lo que ustedes están haciendo con ella.

Han perdido el foco.

Si quieren recuperarlo investiguen, por ejemplo, por qué todavía está en un juzgado de Granada la denuncia de malos tratos que Juana presentó hace un año y que debiera haberse remitido inmediatamente a Italia. Investiguen, por ejemplo, por qué no había ningún psicólogo colegiado (ya no digamos equipo multidisciplinar y experto como marca la ley) para evaluar a su hijo en los juzgados. Investiguen, por ejemplo, qué hizo la fiscal cuando le entregaron el informe psicológico del profesional que está tratando al niño (este sí colegiado y especialista).

Algunos de ustedes se lo deben.

Lo que merece atención no son las decisiones de Juana ni el apoyo que recibe. Lo que requiere de su trabajo es el sistema judicial que debe proteger su integridad y la de sus hijos y le ha fallado. Quizá el miércoles vuelva a hacerlo.

Por favor, profesionales periodistas, atiendan este ruego:

A partir de ahora asegúrense de que no continúe fallando también el tratamiento periodístico del caso. Si necesitan llenar minutos de programa o conseguir impresiones de banners háganlo de forma ética y responsable.

Si tienen dudas de enfoque consulten a personas expertas. Búsquenlas. Empiecen por Ángela González, a cuya hija mató el padre hace 14 años, cuyas reclamaciones el sistema judicial en España nunca ha escuchado y a quien hasta la ONU da la razón.

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Entrevista completa

Postdata para Juana:

Guapa, si puedes leer esto y el Tribunal Constitucional vuelve a ignorarte, haz caso tú también a Ángela, intenta la Z.

¿Qué aconsejarías a una mujer que sea obligada a permitir visitas no vigiladas con un padre maltratador?

Que se vaya de España. Yo hoy me iría de España lo más lejos posible, sin pensarlo. De hecho, muchísimas veces me arrepiento de no haberlo hecho. En aquella época no lo pensé. Pensé algo peor, y también me arrepiento.

Me pongo, como tantas otras personas, a tu disposición. Te deseo toda la suerte y la fuerza del mundo.

#JuanaCuentaConmigo.

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Equilibrista entre #Diversidad, #Inclusión, #Marketing, #TransformaciónDigital, niñxs, libros, viajes y empresarixs. Vida ecléctica…

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