(o el hombre con miedo)

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Some women fear the fire, some women simply become it… by r.h.sin

Hace poco más de un mes, sola en mi casa, escuché a un tipo gritar amenazante en una vivienda cercana. Oí también a una mujer que intentaba tranquilizarlo y a unas niñas que pedían asustadas a su padre que por favor soltara a su madre, que parara de hacerle daño. Llamé al 911.

Unos días después llegó la citación del juzgado. Tenía que ir a testificar a la mañana siguiente.

Esa misma tarde coincidí en la calle con mi vecina, íbamos solas. Me presenté, la invité a pasar a mi casa y le conté que había sido yo quien había denunciado. Me agradeció la llamada, pero también me dijo que él iba a cambiar, que de verdad lo estaba intentando. Le confesé que tenía miedo de su marido, al que nunca había visto, y me tranquilizó:

- De verdad, no te preocupes. Está muy arrepentido. No sabíamos qué vecino llamó, pero los dos agradecemos esa llamada. Fue un aviso para nosotros, una señal de Dios. Lo hemos hablado y esto no va a volver a ocurrir. Acaba de salir de la cárcel, ha estado 7 años por violencia de género porque yo le denuncié. Era drogodependiente y entonces no podía manejarlo, pero ahora está rehabilitado y se ha convertido. Los dos vamos a la iglesia y las niñas quieren estar con él, ahora que han recuperado a su padre. Aunque ya cumplió la condena sigue teniendo una orden de alejamiento hasta dentro de dos años. Sabíamos que podía volver a prisión si le cogían en el barrio pero asumimos el riesgo por nuestras hijas. Él las cuida mientras yo trabajo.

- Lo entiendo, pero igual tengo que ir a testificar bajo pena de multa. Llamé y dí mis datos por tus niñas, porque estaban asustadas. Sé lo que es. También tengo tres hijos y también he tenido problemas con su padre y hubiera querido que alguien los protegiera de estar en tus circunstancia... Pero ahora tengo miedo por los míos, porque mañana tu marido va a saber quién soy y dónde vivo.

- Claro, es normal que estés asustada, pero te prometo que no tienes nada que temer. Que de verdad no es peligroso, que está muy agradecido por esa llamada, que ha cambiado. Vete a declarar sin miedo. Total, como le agarraron dentro de la casa digas lo que digas dará igual, porque se ha saltado la orden de alejamiento y ya con eso lo van a encerrar. Sabíamos el riesgo. Solo que… si pudieras no dar muchos detalles…

Al día siguiente me encontré sentada junto al abogado del maltratador prestando declaración en un juzgado de violencia de género. No dí detalles, como me había pedido ella. No hacían falta para que avanzara el proceso.

Pasaron un par de semanas en la caótica vorágine cotidiana de mi vida. No le dí más vueltas. Estos últimos años, por mis propias circunstancias, he madurado mucho. Estoy habituada a aceptar lo que venga sin preocuparme de antemano.

Al fin y al cabo nunca sabes por dónde llegará el próximo golpe, así que mientras lo esperas es mejor seguir caminando sin perder la alegría, con la confianza de que cuando te alcance podrás encajarlo.

Hace unos días salía con prisas de casa porque llegaba tarde a una cita. En calle me crucé con mi vecina, sus dos niñas y un hombre. Saludé al grupo sonriendo, amable y distraída, mientras enfilaba la acera. Ella me devolvió el saludo cariñosa.

Al pasar por mi lado aquel tipo desconocido que la acompañaba se desvió ligeramente para acercarse. Sonrió exagerado y dijo “Hola, Raquel”, llamándome por mi nombre.

Estaba ensimismada en mis asuntos y seguí adelante con expresión serena. No reparé en lo extraño de que aquel señor supiera cómo me llamaba hasta unos metros más allá. Afortunadamente mi rostro no varió un ápice mientras me tuvo de frente... Solo caí en que era el maltratador al que estoy enviando de vuelta a la cárcel cuando giré la esquina, donde no podía verme. Percibí la amenaza de su saludo cuando él ya me había perdido de vista. No se dio cuenta de mi preocupación cuando fruncí el ceño… y duró fruncido un par de minutos apenas, porque tenía cosas más urgentes en las que pensar esa mañana.

Hoy he vuelto a cruzarme con el tipo, cada quien en una acera. Iba solo y me ha reconocido. En esta ocasión ha bajado la cabeza. El despiste del otro día, mi serenidad al enfrentar su amenaza, lo ha interpretado como valentía. Ahora es él quien me teme… y no le faltan razones, la verdad.

Pienso en quién era yo hace seis años. En quiénes eramos todas hace no tanto. Reparo en que hay un cambio que, pase lo que pase, no tiene vuelta atrás porque poco a poco hemos dejado de asustarnos. Y hablamos. Nos entendemos, nos ayudamos, nos esperamos unas a otras “con confianza esperanzada”, como diría mi madre.

Pienso en mi vecina dentro de seis años. Pienso en nuestros pequeños cuando crezcan. Pienso en que ojalá fuera verdad que estos hombres cambien porque nos tengan miedo. Deseo que lo hagan para que puedan sostener con valentía la mirada de nuestros hijos e hijas mañana.

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Equilibrista entre #Diversidad, #Inclusión, #Marketing, #TransformaciónDigital, niñxs, libros, viajes y empresarixs. Vida ecléctica…

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